La informalidad laboral es una realidad persistente en América Latina que tiene efectos profundos no solo sobre el bienestar social e individual, sino también sobre las finanzas de millones de trabalhadores.
La carencia de vínculos formales de empleo compromete diretamente la posibilidad de construir una base económica sólida a largo plazo. En un contexto en el cual ahorrar e invertir se vuelven herramientas clave para romper ciclos de pobreza, entender cómo la informalidad socava estas oportunidades se vuelve una discusión urgente.
El impacto directo de la informalidad en el ingreso personal

Uno de los principales efectos de la informalidad laboral es la inestabilidad de los ingresos. En trabajos informales, los empleados no tienen garantizados un salario fijo, beneficios sociales ni acceso a mecanismos de protección como el seguro de desempleo o el fondo de retiro.
Además, en muchos casos, los ingresos provenientes del trabajo informal son significativamente más bajos que los de trabajos formales equivalentes. Esto se debe tanto à menor valorización del trabajo como a la falta de regulamentaciones que aseguren salarios justos. Cuando el ingreso es bajo, ahorrar se convierte en un lujo y no en una prioridad realista.
El círculo vicioso de la precariedad y la exclusión financiera
La informalidad también está profundamente conectada con la exclusión del sistema financiero tradicional. Quienes trabajan sin contrato formal suelen carecer de comprobantes de ingresos, historial crediticio o acceso a cuentas bancarias, lo que limita su capacidad de acceder a servicios financieros básicos como créditos, seguros o productos de inversión.
Sin acceso a crédito formal, por ejemplo, muchas personas recurren a préstamos informales con tasas exorbitantes, lo que agrava la situación financiera. Tampoco pueden aprovechar oportunidades como la inversión en fondos de inversión, bienes raíces o incluso educación financiera estructurada.
Consecuencias macroeconómicas de la informalidad
La informalidad no sólo afecta al individuo, sino que representa un problema estructural con consecuencias a nivel nacional. Países con alta informalidad tienen una base tributaria más reducida, lo que limita la capacidad del Estado para invertir en políticas públicas que promuevan el desarrollo económico y social, como educación financiera, salud, pensiones y estímulos al emprendimiento.
A su vez, la informalidad dificulta la recopilación de datos fiables sobre el empleo y la economía, lo que obstaculiza el diseño de políticas públicas eficientes. La falta de formalización del trabajo también impide la creación de redes de protección que podrían amortiguar los impactos de crisis económicas, lo que se evidenció claramente durante la pandemia de COVID-19.
Ejemplos de impacto regional
En países como Perú, Bolivia o El Salvador, donde más del 70% de la fuerza laboral está en la informalidad, las tasas de ahorro son consistentemente bajas, y la penetración de servicios financieros es limitada. Incluso en economías mayores como Brasil o México, donde existe un aparato financiero más desarrollado, la informalidad representa una barrera significativa.
Caminos hacia la formalización y el acceso al ahorro
Superar los efectos de la informalidad sobre el ahorro y la inversión requiere un enfoque integral que combine políticas públicas, incentivos al sector privado y programas de educación financiera. Promover la formalización del empleo a través de la simplificación tributaria, incentivos para pequeñas empresas y mayor fiscalización es fundamental.
La inclusión financiera digital aparece como una solución potencial. Plataformas fintech, billeteras móviles y bancos digitales han demostrado ser herramientas eficaces para acercar servicios financieros a poblaciones excluidas. Sin embargo, su éxito dependerá de la expansión del acceso a internet, la capacitación digital y la confianza del usuario.